lunes, 15 de julio de 2013
Analogia entis y sistemas kantianos
jueves, 4 de julio de 2013
Secundum quid... o casi
lunes, 26 de marzo de 2012
La falacia del Corte Inglés
Cuando entramos en un macrocentro comercial, como los que estamos acostumbrados a ver en las grandes ciudades, o paseamos por una de esas calles rebosantes de galerías de diversa índole se forma lo que aquí llamaremos la “falacia del Corte Inglés”. Más que una falacia, es un espejismo, o siguiendo la expresión de Walter Benjamin, una fantasmagoría.
Lo primero que nos encontramos en tales ámbitos es una muy detallada y medida “estetización” del producto. Los productos que se ofrecen aparecen en un marco muy ornamentado, produciendo diferentes sensaciones de satisfacción. De hecho, esa satisfacción es la que produce el “paseo comercial”: aunque no haya una búsqueda del producto, a la gente le place caminar en los grandes almacenes. Incluso de manera compulsiva. El motivo no es demasiado intuitivo. La sensación placentera se origina más bien el la multiplicidad del producto. La multiplicidad de tiendas de ropa, no sólo de distintas marcas, sino con propuestas orientadas a diferentes franjas de edad y diversas sensibilidades sociales o étnicas. Podemos comprar ropa de joven cani, guarro, pijo, surfero, gótico o lumpenaristócrata. Esa multiplicidad parece abarcar todos los mundos posibles. El resto del mercado muestra un aspecto semejante. Decía un amigo que cuando estuvo en Checoslovaquia (sí sí, Checoslovaquia), en el “economato” había una sección de zapatos, habiendo dos tipos de zapatos: los negros y los marrones. En éste caso no vemos más que zapatos. Sin embargo en el Corte Inglés vemos otra cosa: la misma multiplicidad del mercado. Eso que tenemos delante es un producto para el conjunto de la varia y diversa multiplicidad social. La primera fantasmagoría: lo que se abre ante los ojos es que la diversidad social misma la que produce la multiplicidad del producto, la que ofrece el producto, y no, como de hecho sucede, el funcionamiento real del mercado, o como en el caso de Checoslovaquia, que “los zapatos son para calzarse”. Conduce a "mirar" sin "ver" nada. La segunda fantasmagoría se sigue de manera natural: esos productos están “a la mano” de cualquiera que se esfuerce los suficiente para alcanzarlos, para el que tenga las capacidades “naturales” para ello. De ahí que acabemos entendiendo como plausible y normal que algunos de tales productos no estén ni nunca a nuestro alcance, es decir, se interioriza y se asume de manera “natural” la diferencia social, y no como fruto de los mecanismos del mercado. La fantasmagoría del Corte Inglés tiene dos grandes efectos: oculta los mecanismos reales del mercado y potencia en los individuos la psicología del mercado, conformando un capitalismo “popular” que no impide sin embargo –en muchos casos al contrario- que genere formas de consumo teóricamente “alternativas” al mismo mercado, con lo que el sistema quedaría clausurado en sí mismo.
Por eso, los que saltaban el muro hacia la Alemania occidental y gritaban “Libertad”, lo que querían decir realmente era: “Yo también quiero un mercedes”.
miércoles, 14 de marzo de 2012
lunes, 20 de febrero de 2012
El mérito. O la caca de la vaca.
martes, 17 de enero de 2012
Con Fraga hasta la braga
jueves, 5 de enero de 2012
Redondillas inv[f]ernales
Un poeta culterano,
anónimo y diletante,
con verso muy elegante
dejóme ayer extasiado
En una entrada anterior
de la orgía diablesca
con gran tino y destreza
deja su composición
Aquí ahora lo reitero
pues el tipo lo merece
al menos me lo parece
y, vean, éste es el verso:
"Esta silva arromanzada
me produce confusión
entre Estacio y Cicerón
la veo muy inspirada.
Noble arte en su rimada
de un trance descomunal
afirma el buen Parsifal
muriendo en gran carcajada.
¡Oh Diablillo, qué amistades!
por las musas inspiradas,
aunque, pobres, no escuchadas,
en rimas tan proverbiales.
La silva fue de mi agrado,
y el tema no baladí,
pero con gracia cañí,
perfectamente expresado.
El tedio de cada día,
produce gran frustración,
pero ante el bobalicón,
parece gran armonía.
Los titulados nescientes,
que con gran predicamento,
azuzan al pensamiento,
estando por doquier ausentes.
Perdón por la rima simple,
para alabar tu gran silva,
cuyo contenido anima,
a la lucha comprensible.
Lo anarcotradicional,
mueve ya a alzarse en armas,
con escopetas o palabras,
en pugna sensacional.
Gran crítica bien rimada,
a la sociedad dormida,
liberal y fratricida,
que con la paciencia acaba."
Poeta culterano anónimo.